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¿Debo tomar estatinas toda la vida? Lo que sabemos sobre el colesterol después de los 65 años

hace 3 horas
6 min de lectura

El mes pasado salió un artículo interesante... ya que en el mundo del a Geriatría, el uso de las estatinas (ejem. atorvastatina, pravastatina, rosuvastatina... etc) ha sido un punto de discusión por ciertos efectos secundarios que se pueden presentar. Por lo anterior, me pareció importante realizar un post informativo sobre esste artículo en específico. Más adelante me enfocaré en hacer alguna pequeña revisión.


H

ay que recordar que...

Tomar más medicamentos no siempre significa estar mejor tratado. Pero suspender un medicamento solo por haber cumplido cierta edad tampoco es una buena decisión.


Las estatinas —medicamentos como atorvastatina, rosuvastatina o pravastatina— se encuentran entre los tratamientos más utilizados para disminuir el riesgo de infarto y otros eventos cardiovasculares.

Muchas personas comienzan a tomarlas a los 50 o 60 años y continúan con ellas durante décadas. Sin embargo, con el paso del tiempo aparece una pregunta muy razonable:

¿Necesito seguir tomando esta medicina toda la vida?

Una nueva guía clínica publicada en 2026 aborda precisamente esta cuestión: cuándo podría ser conveniente continuar una estatina y cuándo vale la pena conversar con el médico sobre reducirla o suspenderla.

Y su principal mensaje es especialmente importante:

La edad, por sí sola, no es una razón para suspender una estatina.

La decisión debe depender de la persona que tenemos enfrente.


Primero: ¿para qué toma usted una estatina?

No todas las personas reciben estos medicamentos por la misma razón.

Algunas los utilizan porque tienen colesterol elevado o factores de riesgo cardiovascular, pero nunca han presentado un infarto, un evento vascular cerebral u otra enfermedad cardiovascular. A esto los médicos lo llamamos prevención primaria.

Otras personas ya han presentado enfermedad cardiovascular y reciben la estatina para disminuir la posibilidad de nuevos eventos. Esto se conoce como prevención secundaria.

Esta diferencia es fundamental.


En términos sencillos, no es lo mismo intentar prevenir un primer evento cardiovascular que evitar que ocurra otro.

Y este es uno de esos pequeños detalles clínicos que pueden cambiar por completo una decisión terapéutica.


¿Qué cambia después de los 65, 75 u 80 años?

Envejecer no significa necesariamente enfermar.

Podemos encontrar una persona de 85 años independiente, activa y con una expectativa de vida considerable; mientras que otra persona de 70 años puede presentar múltiples enfermedades, deterioro cognitivo, dependencia funcional o fragilidad avanzada.

Por eso, utilizar solamente la edad cronológica para decidir tratamientos puede conducir a errores.

La guía de 2026 propone considerar, además del riesgo cardiovascular:

la movilidad y función, cognición, fragilidad, enfermedades concomitantes, expectativa de vida, cantidad de medicamentos utilizados y, algo particularmente importante, las preferencias y objetivos de la propia persona.    

Para quienes trabajamos en Geriatría esto resulta muy familiar: es trasladar la Valoración Geriátrica Integral a una decisión farmacológica concreta.


Entonces, ¿después de los 65 años hay que suspender las estatinas?

No.

De hecho, la nueva guía sugiere que las personas mayores que no se encuentran al final de la vida generalmente continúen sus estatinas, tanto cuando se utilizan para prevención primaria como para prevención secundaria.    


Pero existe un matiz importante.

Estas recomendaciones son condicionales, y la certeza de la evidencia disponible sobre los efectos de suspender las estatinas fuera del contexto de final de vida es muy baja.


¿Por qué?

Porque gran parte de la información disponible proviene de estudios observacionales.

En 35 estudios no aleatorizados, suspender las estatinas se relacionó con mayor mortalidad y mayor frecuencia de eventos cardiovasculares, infarto y evento vascular cerebral isquémico. Sin embargo, este tipo de investigación no permite asegurar que la suspensión de la estatina haya sido la causa directa de esos eventos.     


Aquí aparece un pequeño guiño metodológico importante:

asociación no significa necesariamente causalidad.

Por ejemplo, algunas personas podrían haber dejado de tomar la estatina precisamente porque su salud ya estaba deteriorándose. Ese deterioro, y no necesariamente haber suspendido el medicamento, podría explicar parte del aumento de mortalidad observado.


¿Qué ocurre cuando existe fragilidad?

Esta es probablemente una de las preguntas más interesantes desde el punto de vista geriátrico.

La respuesta tampoco es:

“Tiene fragilidad, retire la estatina”.

La fragilidad implica una disminución de las reservas fisiológicas que hace a una persona más vulnerable ante diferentes factores de estrés. Al mismo tiempo, una persona con fragilidad puede tener elevado riesgo cardiovascular y también mayor susceptibilidad a efectos adversos de los medicamentos.

Por eso, la guía es bastante prudente:

La fragilidad por sí sola no justifica suspender una estatina.

Pero sí puede ser una excelente razón para reevaluar el tratamiento.


En otras palabras, la pregunta deja de ser solamente:

“¿Tiene el colesterol alto?”

y se convierte en:

“¿Este medicamento todavía ofrece un beneficio relevante para esta persona, considerando cómo está viviendo actualmente y qué espera de su tratamiento?”

Ese cambio de pregunta representa buena parte de la filosofía de la medicina geriátrica.


El tiempo también importa: ¿vivirá la persona el tiempo suficiente para obtener el beneficio?


Existe un concepto médico llamado tiempo hasta el beneficio (time-to-benefit).

Algunos tratamientos preventivos no producen un beneficio inmediato. Es necesario utilizarlos durante determinado tiempo antes de que la reducción del riesgo se vuelva clínicamente relevante.


Para las estatinas utilizadas en prevención primaria, se ha estimado un tiempo hasta beneficio de aproximadamente 2.5 años, aunque la propia guía advierte que este concepto es más útil al decidir iniciar un tratamiento y debe aplicarse con cautela a una persona que lleva años tomándolo.     


Pensemos en dos situaciones.

Una persona independiente de 78 años, activa, con buen estado cognitivo y una expectativa de vida prolongada puede tener mucho tiempo para beneficiarse de una estrategia preventiva.

En cambio, si una persona presenta una enfermedad avanzada y su expectativa de vida es muy limitada, quizá el beneficio cardiovascular futuro de algunos medicamentos preventivos deje de ser una prioridad.

El medicamento es el mismo.

Lo que cambió fue la persona.


¿Y si una persona se encuentra al final de la vida?

Aquí la recomendación cambia.


En personas con una enfermedad avanzada y una expectativa de vida menor a aproximadamente un año, la guía sugiere considerar la deprescripción de la estatina.     

“Deprescribir” no significa abandonar al paciente ni retirar tratamientos indiscriminadamente.

Significa realizar un proceso planificado, supervisado e individualizado para retirar un medicamento cuando sus beneficios probablemente ya no compensan sus riesgos, molestias o carga terapéutica.    

En el ensayo clínico que sustentó esta recomendación, suspender la estatina en personas con enfermedad avanzada probablemente no produjo diferencias en la mortalidad a 60 días ni en los eventos cardiovasculares a un año, y podría haber mejorado la calidad de vida.    


Aquí el objetivo puede dejar de ser prevenir un evento dentro de varios años y pasar a ser algo diferente:

confort, funcionalidad, control de síntomas, simplificación del tratamiento y calidad de vida.


“Me duelen los músculos, ¿será la estatina?”

Es una consulta frecuente.

Las estatinas pueden asociarse con síntomas musculares, pero los eventos graves son poco frecuentes. La guía señala que la rabdomiólisis ocurre en menos del 0.1% y la hepatotoxicidad grave alrededor del 0.001%.   


Por eso, ante dolor o debilidad muscular no siempre es necesario abandonar inmediatamente el tratamiento.


El médico puede valorar otras causas, disminuir temporalmente la dosis, suspenderla y reevaluar los síntomas, cambiar a otra estatina o utilizar otras estrategias.

La intolerancia verdadera requiere una evaluación clínica adecuada y, de acuerdo con la definición utilizada por la guía, generalmente implica comprobar mejoría al reducir o retirar el tratamiento después de haber probado al menos dos estatinas diferentes.     


No suspenda una estatina por cuenta propia ante un síntoma nuevo; coméntelo con su médico.

Una conversación que vale la pena tener en consulta

Si usted o un familiar mayor lleva varios años tomando una estatina, no necesariamente necesita suspenderla.

Pero sí puede ser razonable preguntarse periódicamente si continúa siendo el tratamiento adecuado.

Algunas preguntas útiles durante la consulta son:

  • ¿Por qué estoy tomando esta estatina: prevención primaria o secundaria?

  • ¿Cuál es mi riesgo cardiovascular actual?

  • ¿Qué beneficio puedo esperar de continuarla?

  • ¿Mi estado de salud ha cambiado desde que me la indicaron?

  • ¿Tengo efectos adversos o demasiados medicamentos?

  • ¿Este tratamiento sigue siendo congruente con mis objetivos de salud?

La respuesta puede ser perfectamente:

“Sí, debe continuarla”.

Y eso también es una buena revisión farmacológica.

Deprescribir correctamente no significa intentar retirar medicamentos a toda costa. Significa asegurarnos de que cada medicamento todavía tenga una razón para estar ahí.

En Geriatría no tratamos una cifra: tratamos a una persona

Quizá esta sea la enseñanza más importante de esta nueva guía.

Una persona no deja de beneficiarse automáticamente de la prevención cardiovascular el día que cumple 65, 75 u 80 años.

Del mismo modo, un tratamiento que fue excelente hace diez años no necesariamente conserva la misma prioridad cuando aparecen fragilidad avanzada, deterioro funcional, enfermedad terminal o un cambio profundo en los objetivos de atención.

La pregunta adecuada, por tanto, no es:

“¿A qué edad debemos suspender las estatinas?”

La pregunta es:

“¿Esta estatina continúa aportando un beneficio significativo para esta persona, en este momento de su vida?”

Responderla requiere evidencia científica, pero también conocer la función, cognición, fragilidad, pronóstico y preferencias del paciente.

Eso es precisamente lo que aporta la mirada geriátrica.


Deprescribir no es tratar menos. Es procurar que cada tratamiento siga teniendo sentido.

Referencia: 

  • Thompson W, Barry AR, McCarthy LM, et al. Deprescribing statins for adults 65 years of age and older: Evidence-based clinical practice guideline. Canadian Family Physician. 2026;72(9):534–545. DOI: 10.46747/cfp.7209534.     Deprescribing statins for adults


Aviso para pacientes y familiares: Este contenido es informativo y no sustituye una valoración médica individual. No suspenda ni modifique una estatina sin comentarlo con el profesional responsable de su atención.

Lqm <3

 
 
 

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